Tóxico



Hace ya unos cuantos años que se puso de moda hablar de tóxicos: empleados tóxicos, jefes tóxicos, etc. Y de hecho, es habitual encontrar artículos que explican algunas técnicas para manejar a este tipo de personas, más centradas en sabotear su entorno y en joder la vida a los que le rodean que en trabajar o generar un buen clima laboral.

Respecto a los empleados tóxicos, muchos jefes sacan rápidamente el hacha de guerra pero hay una premisa básica a tener en cuenta antes de hacer nada. Habitualmente nadie se comporta así sin un motivo, y la tarea del jefe es encontrar ese motivo e intentar solucionarlo (más allá de buscar la confrontación). Lo fácil sería hacer caso a las advertencias de todo el mundo y no esforzarse por entender a esta persona, pero hay que hacer un esfuerzo y dar un paso adelante. Entender el pasado y las razones de ese comportamiento, hablar con la persona en cuestión dejando de lado todo lo que nos han contado y entender que ha podido pasar. A veces son motivos externos a la organización (problemas familiares, de dinero, etc) pero también pueden ser de tipo interno (mala relación con los compañeros, expectativas no cumplidas de promoción, trabajo monótono). La clave es buscar el origen de todo, e intentar solventarlo o al menos entenderlo para reducir ese comportamiento tóxico.

Lo de los jefes tóxicos ya es más difícil. ¿Qué haces con un jefe que pasa de todo o con alguien que se comporta como un tirano? ¿Y los jefes que no comunican o que pasan de fomentar la participación entre sus empleados? Las soluciones no son fáciles y a medio plazo estas situaciones generan empleados quemados y desmotivación generalizada. Bennett Tepper, profesor de la Georgia State University, publicó en 2007 un interesante artículo sobre el concepto de “abusive supervision” en el que enumera y define diversos comportamientos dañinos de los jefes: abuso jerárquico, tiranía (uso caprichoso de la posición dominante), agresiones psicológicas y muchas más. Son jefes que destruyen, que se venden bien, que han conseguido engañar a sus jefes y que muchas veces tienen un punto narcisista. A los narcisistas, podríamos añadir otros tipos de jefes como los psicopatas o los que van a lo suyo o incluso los histriónicos (como contaba Fernando Marañón).

La revista Harvard Business Review planteaba cuatro ideas básicas para neutralizar a los jefes tóxicos: 
– No te lo tomes como algo personal. Su veneno habla de ellos y de su forma de ser, no de ti. 
– Por mucho que te provoquen, no hagas nunca nada que comprometa tus valores.
– Nada de devolverla o de vengarte, aunque en ocasiones sea lo que más apetece hacer. Es ponerse a su nivel.
– No te sientas victima.

Para acabar, es conveniente hablar de grupos de presión tóxicos. No es lo habitual pero todavía quedan algunos así (muy pocos). Hablamos de sindicatos, colegios, sociedades científicas, etc. que han incorporado a su actividad las tácticas sucias de acoso y derribo. Amenazas de difundir noticias en la prensa, presión judicial, manejo abusivo de reuniones o sesiones con público, pseudochantajes, insultos, manipulación del entorno, comportamientos infantiles si no se hace lo que piden, demostraciones de fuerza en público, etc. En ocasiones puede ser por narcisismo de alguno de sus líderes, o incluso por anteponer los objetivos del grupo por encima de los objetivos de toda la organización, pero no se dan cuenta que más que construir, están destruyendo. Un campo de batalla muy difícil, poco habitual pero muy complejo de manejar. Sun Tzu te necesito…

¿Tienes algún jefe así? ¿Y si el tóxico eres tú? ¿O incluso soy yo?

1 comentario en “Tóxico”

  1. Jefes tóxicos por fortuna, no he conocido, pero sí colegas con los que resulta muy difícil trabajar, consiguen que el ambiente de vuelva absolutamente asfixiante, y además suelen estar a sus anchas porque los jefes en muchas ocasiones, no saben qué hacer con semejantes elementos , por lo que la situación se vuelve más fastidiada, si cabe, para los que les rodean y les sufren… Evidentemente todo tiene un comienzo o un por qué, pero cuando el caso está muy enquistado, es casi imposible resolverlo, además hay que tener ganas de meterese en semejante fregado, a lo que no todo el mundo está dispuesto…
    Creo que habría que aplicar el principio de utilidad de Bentham, lo que mayor felicidad para la comunidad produciría en esos casos sería eliminar al elemento tóxico… suena un tanto radical, pero sin duda es lo más práctico…
    Saludos!

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