Liderazgo y formación





Que una revista tan prestigiosa como Harvard Business Review dedique un artículo a hablar del fracaso que supone la formación en liderazgo en las empresas, dice mucho de este problema. De hecho, el párrafo inicial es muy directo (y duro):


Corporations are victims of the great training robbery. American companies spend enormous amounts of money on employee training and education—$160 billion in the United States and close to $356 billion globally in 2015 alone—but they are not getting a good return on their investment. For the most part, the learning doesn’t lead to better organizational performance, because people soon revert to their old ways of doing things.


La clave, según los autores, es que lo que se aprende es muy difícil de implantar en las organizaciones, salvo que la formación vaya acompañada de un cambio cultural. Los conflictos, las luchas de poder, los estilos de dirección y la inercia no son precisamente los mejores amigos de los cambios en temas como trabajo en equipo o colaboración. La trayectoria habitual suele ser esta:
  1. Un profesional se inscribe a un programa formativo interno de liderazgo y trabajo en equipo.
  2. Asiste a las sesiones junto a 14 compañeros entusiastas del tema. Por cierto, ningún directivo asiste al curso.
  3. El entusiasmo se contagia de unos a otros, y el programa acaba con el compromiso de implantar pequeñas mejoras en cuestiones organizativas y de liderazgo en la organización.
  4. Y al día siguiente, la realidad reparte bofetadas con olor a naftalina. La tradición, las malas caras, los comentarios de “ya viene el listo” o las envidias, acaban por dinamitar la explosión de ilusión.



Y vuelta a empezar… La formación es muy positiva y suele ser útil, pero si no se acompaña  de algo más, la frustración que genera acaba convirtiendo esta actividad en un foco de ineficiencia para la organización. Por cierto, en la web de Mc Kinsey también hablan del tema.

4 comentarios en “Liderazgo y formación”

  1. ¿Sirve de algo la formación en liderazgo?

    Estamos en lo de siempre, si elegimos los puestos de gestión sanitarios como los elegimos (de supervisoras para arriba) igual te da formarte que no, si luego se elige a discreción (a dedo de toda la vida).

    Así no surgen líderes sino capataces que controlan (o no) ratios de personal, planillas de turnos o stock de medicamentos y productos sanitarios.

    No hay una autonomía de gestión real de las supervisoras y cargos intermedios con lo que se limitan muchas veces a hacer cumplir las órdenes de la dirección, son piezas del mismo engranaje.

    Si no se gestiona al personal sanitario de una manera humana, sin "miedo" a inculcar (que siempre paraliza) y haciendo equipo verdaderamente, planteando metas comunes que partan del equipo y no de los objetivos impuestos por la dirección, no se está liderando equipos.

    Sigue pensando que un EIR de gestión enfermera sería necesario para profesionalizar y poner en valor este campo de la Enfermería. En países como Francia ya es una realidad.

  2. El liderazgo es una cualidad personal que se desarrolla, y que a veces (sólo a veces) adorna a un gestor. Un gestor profesional y que además sea un líder es lo que todos deseamos. Un líder a secas, sin ética o identidad, acabará siendo un caudillo (que de esos también hay) y en temas como sanidad, con especial peligro para todos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Scroll al inicio